Pastoral Profética

 

Pastoral Profética
I. Iluminación

1 -La evangelización es “la misión esencial de la Iglesia… Ella existe para evangelizar” (EN, 14). La Iglesia lo sabe, por lo que hace suyas las palabras del apóstol Pablo: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1 Cor 9, 16).

2 -La evangelización, en sentido estricto, consiste en anunciar la Buena Noticia, por medio de la proclamación del Evangelio y del testimonio cristiano, a los hombres situados históricamente, para que se conviertan y sean liberados. La evangelización, en sentido amplio, se refiere a toda actividad que realiza la Iglesia para hacer presente el Reino de Dios. Por eso, también se dice que la evangelización es una “realidad rica, compleja y dinámica” que no puede encerrarse en una definición “sin empobrecerla e incluso mutilarla” (EN, 17). El objetivo de la acción evangelizadora de la Iglesia es servir al proyecto de Jesús: el Reino de Dios. La Iglesia busca la consecución de este objetivo continuando la acción pastoral de Jesús, a través de los ministerios profético, litúrgico y de caridad.

Las fuentes de la pastoral profética

3 -El término profeta viene del griego prophetes y significa: “aquel que llama, que predice, que anuncia”. Otra de sus acepciones es: “el llamado”. Y tras esta forma pasiva aparece más claramente la acción divina: Dios es el que llama.

4 -“Este ministerio profético debe nutrirse de la Palabra de Dios en la Biblia, leída e interpretada en la Iglesia y celebrada en la comunidad” (SD, 33); en la Tradición, cuya alma es el Espíritu Santo (LC, 33) y que, con la Sagrada Escritura, constituye los cimientos del pueblo de Dios (LG, 38); y en el Magisterio, “que bajo la asistencia del Espíritu Santo interpreta auténticamente la Tradición y la Escritura” (DV, 10; LC, 38). La pastoral profética supone un proceso: suscitar la fe, hacerla madurar e integrarla en la comunidad donde se vive y actúa. Se realiza a través del primer anuncio o kerigma, la catequesis y la acción profética dentro de la comunidad.

El kerigma o primer anuncio

5- La pastoral profética tiene como tarea “poner a Cristo en el corazón y en los labios de todos los hombres, a través de la predicación, para que puedan salvarse” (SD, “Discurso inaugural”, 5, citando Rm 10, 13-18). La palabra kerigma viene del griego keryssein, que significa: proclamar o anunciar. El primer anuncio consiste en anunciar con palabras y hechos las intervenciones salvíficas de Dios en la historia, coronadas por el misterio pascual de la muerte y resurrección de Cristo (Hch 2, 14-39), en orden a suscitar la conversión básica, es decir, el reconocimiento de Cristo como Señor y la conversión inicial a los valores del Evangelio (CT, 19; DCG, 17).

6 -“Desde la situación generalizada de muchos bautizados en América Latina, que no dieron su adhesión personal a Jesucristo por la conversión primera, se impone, en el ministerio profético de la Iglesia, de modo prioritario y fundamental, la proclamación vigorosa del anuncio de Jesús muerto y resucitado…, raíz de toda evangelización, fundamento de toda promoción humana y principio de toda auténtica cultura cristiana” (SD, 33). La catequesis supone la conversión, fruto del kerigma, y cuando la conversión no se ha dado o necesita renovarse, la catequesis debe incluir el primer anuncio (SD, 41), para luego profundizar en la fe que nos viene de la Palabra de Dios, de la Tradición, del Magisterio y de la vida misma de la Iglesia.

La catequesis

7 -La palabra catequesis viene del griego katejein: hacer resonar, instruir, enseñar oralmente. “Consiste en la educación ordenada y progresiva de la fe” (DP, 977); busca el desarrollo de la fe incipiente, fruto del primer anuncio, capacitando básicamente a los cristianos para entender, celebrar y vivir el Evangelio del Reino” (Episcopado Español, La catequesis de la comunidad, 1983, 34). “Las condiciones actuales hacen cada día más urgente la acción catequética bajo la modalidad de un catecumenado, para un gran número de jóvenes y adultos” (EN, 44). La catequesis debe ser una de las tareas prioritarias de la pastoral de la Iglesia. En la medida que sea intensificada, se consolidará la vida interna de la comunidad de creyentes y su impulso misionero (CT, 15).

8 -El fin último de la catequesis, como parte de la misión profética de la Iglesia, es conducir a la madurez integral de la fe. Dicha madurez no se logra sólo mediante un curso intensivo de catequesis o en una sola etapa de la vida; es indispensable un proceso gradual y sistemático, por eso, “nuestra catequesis ha de tener un itinerario continuado que abarque desde la infancia hasta la edad adulta, utilizando los medios más adecuados para cada edad y situación” (SD, 49). También es necesario armonizar la catequesis ordenada y sistemática con la catequesis ocasional de los diferentes momentos celebrativos y dolorosos de la vida personal, familiar, parroquial, eclesial y social.

9 -La catequesis debe estar en armonía con las demás formas de pastoral de la Iglesia. Por una parte, la catequesis debe iniciar a la vida de oración personal, litúrgica, comunitaria, misionera y de compromiso social; por eso, es muy importante atender a las dimensiones kerigmática, litúrgica, comunitaria, misionera, social y vocacional de la catequesis (SD, 49-50.80). Por otra parte, las demás acciones pastorales de la Iglesia, bien realizadas, son una verdadera catequesis en cuanto favorecen la profundización viva de la fe (CIC, 6). No podríamos tener madurez cristiana individual y comunitaria sin la catequesis, ni una buena catequesis sin las demás tareas de la pastoral.

La acción profética dentro de la comunidad

10 -La comunidad cristiana es el lugar más propicio, el agente principal y la meta de la catequesis. Es el lugar más propicio porque recibe a los nuevos miembros de la Iglesia y los acompaña a través de los diferentes momentos y etapas de la vida hacia la madurez de la fe (Mensaje del Sínodo de los obispos, 1977, 13; Episcopado Español, l.c., 253.266). Es el agente principal porque toda la comunidad es la responsable de la catequesis, según los diferentes carismas recibidos; y porque es la formadora de los nuevos catequistas (1a. Semana latinoamericana de catequesis, Quito, 1982, 13). Es la meta de la catequesis porque está al servicio de la comunidad eclesial en cuanto que inicia a la vida de comunidad en la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos, la vivencia del amor fraterno, el reconocimiento de los carismas, la promoción de los diferentes ministerios y el envío misionero. Además de iniciar a la vida de comunidad, la catequesis fortalece el sentido de pertenencia, el conocimiento y el amor a la Iglesia; un amor que compromete a la renovación de la comunidad eclesial para que resplandezca como signo de la presencia del Reino de Dios entre todos los hombres y que impulsa a ser fermento cristiano en la sociedad (DP, 992).

11 -Además del primer anuncio y de la catequesis, hay otras formas de servicio a la Palabra que, dentro de la comunidad, buscan sostener, profundizar y ayudar a vivir la fe. La homilía, que es el servicio de la Palabra dentro de la acción litúrgica, proclama las maravillas de Dios en la historia de la salvación, se inspira en los textos sagrados y tiene presentes las necesidades de los oyentes. La teología que consiste en desarrollar la inteligencia de la fe (SD, 33). La profecía, o la función profética, que consiste en iluminar e interpretar los signos de los tiempos, para descubrir en ellos la voluntad salvadora y liberadora de Dios: anuncia la presencia del Reino, denuncia las situaciones que retrasan su crecimiento y alienta el compromiso de los cristianos para establecerlo (DP, 49-61). “Por nuestra adhesión radical a Cristo en el Bautismo nos hemos comprometido a procurar que la fe, plenamente anunciada, pensada y vivida, llegue a hacerse cultura”… y llegue así a “situar el mensaje evangélico en la base de su pensar, en principios fundamentales de vida, en sus criterios de juicio, en sus normas de acción” (SD, 229).

12 -“La evangelización, anuncio del Reino, es comunicación para que vivamos en comunión” (DP, 1063). “Sabemos que nos encontramos en la nueva cultura de la imagen, y que el mensaje evangélico debe inculturarse en esta cultura y llegar así a hacerla expresiva de Cristo, la máxima comunicación” (SD, 279). “Los catecismos son subsidios muy importantes para la catequesis; son a la vez camino y fruto de un proceso de inculturación de la fe” (SD, 49).

Los agentes de la pastoral profética

13 -Los agentes de la pastoral profética son: los obispos, los sacerdotes, los religiosos y religiosas y los laicos (DCG, 133; Sínodo, 1977, 14; CT, 62-66). La solicitud por la pastoral profética en general, y en particular por la catequesis, corresponde a todos los miembros de la Iglesia: fieles laicos, religiosos y pastores, según sus carismas y ministerios; a las instituciones como la familia, la escuela católica, la parroquia y la diócesis; a los grupos apostólicos, comunidades eclesiales de base, movimientos y asociaciones (GPC, 70).

14 -Los pastores tienen la obligación “propia y grave” de que la catequesis realmente sea viva, explícita y operativa (CDC, 773). Concretamente la solicitud del obispo por la catequesis se manifestará en transmitir personalmente la doctrina viva, promover la dirección global de la catequesis, suscitar y mantener una buena mística de la catequesis, que se encarne en una organización eficaz (CT, 63). Los sacerdotes, como “educadores de la fe”, deben dedicarse personalmente con celo y creatividad a la catequesis. “No permitais que por una cierta falta de celo… los fieles se queden sin catequesis. Que no se pueda decir: ‘los pequeñuelos piden pan y no hay quien lo parta’” (CT, 64). Los sacerdotes también deben velar por la formación permanente y cualificada de los catequistas.

15 -Los padres de familia son los primeros que tienen la obligación de “formar a sus hijos en la fe y la práctica de la vida cristiana, mediante la palabra y el ejemplo” (CDC, 774, 2). “La educación de la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia” (CIC, 2226), de tal manera que inicien a sus hijos en la oración personal y comunitaria, en el amor cristiano y el compromiso social, y trabajen en la formación de la conciencia moral. La catequesis familiar es insustituible y es tan importante, que precede, acompaña y enriquece cualquier otra forma de catequesis (CT, 8.68). La catequesis familiar, más que transmitir contenidos, introduce a sus miembros, y en especial a los pequeños, en un ambiente de vida propio de una familia cristiana.

16 -Los religiosos y religiosas han de tener una esmerada formación catequética según sus propios carismas, y dedicarle al máximo sus capacidades y recursos, con una presencia activa en los proyectos pastorales diocesanos y en estrecha colaboración con los pastores y los laicos (DCG, 115; SD, 93).

La formación de agentes

17 -Para cumplir esta tarea ineludible de la Iglesia que es la predicación de la Palabra en todas sus formas, es absolutamente indispensable la formación de dichos agentes (Rm 10, 14-15); en ella han de poner los pastores su máximo interés (DCG, 110-115; Guía pastoral para la catequesis en México, CEDEC, 1992, 153-165; SD, 240). Se han de cuidar de manera especial los seminarios y casas de formación, puesto que allí se forman quienes han de promover, a su vez, la formación de los demás (CDC, 780; DCG, 110.115; DP, 1003).

18 -La formación de los catequistas es una tarea prioritaria en la pastoral y de máxima importancia para los pastores; dicha formación debe ser integral, adecuada, permanente y en todos los niveles. La Nueva Evangelización nos pide un nuevo estilo de catequistas que, con una renovada espiritualidad, manifiesten la santidad de vida mediante un nuevo ardor apostólico (SD, 32.45.124); catequistas que han optado por Cristo y aceptan en su vida personal y en las estructuras eclesiales, la vida y el estilo desafiante de Cristo pobre (SD, 178); catequistas en formación permanente, con “un sólido conocimiento de la Biblia” (SD, 49), del Magisterio y de la Tradición, capaces de trabajo en equipo, integrados a la comunidad y a la pastoral de conjunto; que sean agentes de comunión y de servicio transformador, insertados en la vida eclesial y social, testigos cualificados, maestros competentes de la verdad, educadores de personalidades humanas y cristianas, con visión de futuro, con la alegría y el fervor de los santos, con el ejemplo, la pedagogía y la protección de Santa María de Guadalupe.

19 -Además de la formación de agentes, es urgente tener las estructuras y organizaciones necesarias para realizar adecuadamente la tarea evangelizadora (DCG, 125-126). Cada tarea pastoral, con sus diferentes formas, debe contar con ellas, y con los elementos personales y materiales necesarios que den soporte y dinamismo a su acción (CT, 15). Estas estructuras y organizaciones, como instrumentos al servicio de la acción evangelizadora, son indispensables en las necesidades concretas que el mundo y la misión de la Iglesia plantean (DP, 2779.2828-2829). “Debemos ser audaces para utilizar los medios que la técnica y la ciencia nos proporcionan, sin poner jamás en ellos nuestra confianza” (SD, 29).

II. Desafíos de la realidad

20 -En la práctica, la catequesis todavía no llega a ser una prioridad a nivel diocesano y parroquial, porque no se le dedican los suficientes recursos humanos y materiales; hay muchos sacerdotes que han olvidado su actualización catequística y no dedican sus mejores energías, capacidades, recursos y tiempo a la catequesis.

21 -No hay continuidad en la catequesis de niños, adolescentes, jóvenes y adultos; normalmente la catequesis termina o se abandona con la recepción de algún sacramento y en muchas comunidades la catequesis infantil se reduce a un curso intensivo para la primera Comunión.

22 -Se ha descuidado la formación de los catequistas; muchos son adolescentes, eventuales, de buena voluntad y con poca formación y experiencia catequística; se carece de verdaderos programas de formación de catequistas.

23 -No se ha logrado una catequesis permanente, sistemática y gradual como verdadero proceso educativo de la fe; falta formar agentes suficientes en número y capacidad para esta tarea y no siempre se ha aprovechado la fuerza evangelizadora de la religiosidad popular en la promoción de la fe del pueblo.

24 -Falta una mejor coordinación y colaboración entre parroquias y escuelas particulares, entre los movimientos diocesanos y parroquiales con la comisión diocesana de catequesis.

25 -No son satisfactorios los catecismos para niños y se carece de textos y material catequístico adecuado para la catequesis de adolescentes, jóvenes y adultos, y no se han encontrado caminos para una adecuada utilización de los medios de comunicación para transmitir la Buena Nueva del Reino y para formar agentes técnicamente preparados para usarlos con eficacia.

26 -Muchas familias ya no son la primera escuela de evangelización y catequesis porque los padres de familia han perdido la conciencia de ser los primeros catequistas de sus hijos. A veces los padres de familia anulan, con su forma de vida, los esfuerzos catequísticos de la parroquia o del colegio, y descuidan la formación de la conciencia de sus hijos desde los primeros años de la vida.

27 -Varias instituciones educativas de inspiración cristiana logran aceptables niveles académicos, pero dejan mucho qué desear en la educación cristiana, porque es insuficiente e inadecuado el diálogo entre fe y ciencia; hay antitestimonios y surgen muy pocas vocaciones a la vida consagrada.

28 -En algunas escuelas, sobre todo en los niveles de preparatoria o profesional, hay maestros que confunden o atacan la fe de los alumnos, que generalmente llevan unas bases bastante superficiales en el conocimiento de su religión.

29 -En el seminario y en varias casas de formación religiosa no es suficientemente sólida la formación catequética o es meramente teórica.

30 -Se están perdiendo ciertos valores que tradicionalmente han configurado la identidad de nuestro pueblo cristiano, y esto se manifiesta en la incoherencia entre fe y vida.

III. Líneas pastorales

31 -Dar prioridad real, por parte de los pastores, particularmente obispos y párrocos, a una pastoral profética, dedicando a ello sus mejores esfuerzos.

32 -Que se establezca en la diócesis un proceso de educación en la fe, que nos ayude a vivir el compromiso adquirido en el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, al estilo del antiguo catecumenado.

33- Establecer centros de formación de catequistas en los decanatos o zonas pastorales y revitalizar las escuelas de formación de catequesis en parroquias y cuasiparroquias, e impulsar en ellos una fuerte espiritualidad mediante la oración, la reflexión de la Palabra de Dios, la participación frecuente de los sacramentos y el testimonio evangélico de servicio transformador en la sociedad.

34- Acentuar en la catequesis sus dimensiones: kerigmática, comunitaria, misionera, vocacional y social, y promoverla en forma continuada y permanente, de tal manera que englobe la catequesis presacramental, la catequesis de eventos y de religiosidad popular, que garantice el crecimiento hacia la madurez cristiana.

35- Elaborar, difundir y aplicar criterios, programas, textos y material de apoyo que faciliten la continuidad de la catequesis de niños, adolescentes, jóvenes y adultos, para que con una formación integral respondan cristianamente a los diversos problemas y situaciones de la vida.

36- Que las congregaciones religiosas dedicadas a la educación de la fe, en coordinación con la sección de evangelización y catequesis, participen en la elaboración y selección de catecismos y material catequístico, de acuerdo a las necesidades de la diócesis.

37 -Que las escuelas particulares que dependen de sacerdotes, religiosos o religiosas, se preocupen por tener, revisar y actualizar periódicamente sus programas y métodos de catequesis para maestros, alumnos y padres de familia, de acuerdo a los lineamientos de la sección de educación y cultura, y organicen cursos especiales de capacitación catequística para padres de familia, maestros de escuelas y de universidades a nivel diocesano.

38 -Concientizar a los padres de familia de su insustituible tarea en la iniciación y profundización de la fe de sus hijos, y del deber de cuidar especialmente la buena formación de la conciencia desde los primeros años de vida de los niños, y en lo posible, llegar a integrarlos, como catequistas, en la catequesis parroquial y de las escuelas.

39- Utilizar oportunamente y en forma más significativa los medios de comunicación masiva para difundir el mensaje del Evangelio, de manera que llegue en forma más vivencial a nuestro pueblo.

IV. Disposiciones

1- Los sacerdotes y los catequistas promuevan una pastoral bíblica seria y orgánica, de manera que la Palabra de Dios tenga un lugar central en las actividades personales, de grupo y en la vida de toda la comunidad parroquial.

2- En la elaboración o revisión de los catecismos diocesanos a todos los niveles, téngase siempre como fuente e inspiración, e incluso como base y norma, el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica.

3- La comisión de evangelización y catequesis elaborará un Directorio con los criterios de la catequesis diocesana, que facilite la traducción de los lineamientos más importantes del Magisterio de la Iglesia a la vida de las parroquias y de las escuelas católicas, y que ayude a dotar de programas, textos y materiales de apoyo para las diferentes etapas del proceso evangelizador.

4 -La diócesis promoverá, aprovechando las mejores experiencias, programas específicos y cualificados de itinerarios de formación en la fe de laicos jóvenes y adultos, a manera de nuevos catecumenados.

5- Las parroquias deben destinar los mejores recursos humanos y un porcentaje significativo de sus ingresos para la evangelización y la catequesis, aún si se está en etapa de construcción de inmuebles.

6 -Las parroquias ofrecerán a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes una pluraridad de itinerarios de crecimiento en la fe, graduales y progresivos, y en cuanto sea posible ricos de experiencias humanas, espirituales, eclesiales, vocacionales y misioneras, cuidando la necesaria coordinación entre padres de familia, catequistas y maestros.

7- Toda comunidad parroquial o educativa, debe tener como meta ideal la formación de los padres y madres catequistas; serán invitados a acudir periódicamente a los centros de formación con el fin de que luego transmitan en el hogar a sus propios hijos el mensaje asimilado.

8 -El ministerio de catequistas sea promovido cuidadosamente entre quienes den muestras de una verdadera vocación y estén dotados de madurez humana y cristiana, además de demostrar sincero aprecio por la comunión eclesial y por la coherencia entre fe y vida.

9- Dado que la mayoría de los niños y adolescentes de nuestro medio acuden a escuelas oficiales, los sacerdotes deben dividir sus comunidades en sectores, de manera que la impartición de la catequesis, especialmente de niños, no se concentre únicamente en los edificios anexos al templo parroquial.

10 -Las asociaciones y movimientos apostólicos tendrán como primer compromiso la formación integral y permanente en la fe de sus miembros, de manera que luego puedan ellos proyectar esta vivencia en sus distintos ambientes y situaciones de vida y de trabajo.

11 -El seminario diocesano cuide la formación catequística de los futuros sacerdotes, de manera que lleguen a ser verdaderos guías espirituales y competentes animadores de los catequistas.

12 -Un cuidado especial se ha de otorgar al uso de los medios de comunicación social, para hacer llegar al mundo de los jóvenes y de los adultos el mensaje evangélico y las enseñanzas del Magisterio en materia de fe y costumbres.